No al programa "En su propia trampa" de Canal 13 - Chile
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Ha corrido bastante agua por este rio de siglos, con historias cíclicas, desastres y avances tanto en las ciencias, la tecnología y por sobretodo la búsqueda (a veces infructuosa) de la igualdad entre los seres humanos, con tratados mundiales o de acuerdo en las sociedades con leyes que velan por ser garantes de los derechos y deberes de los ciudadanos.
Particularmente y para no indagar en leyes específicas, la declaración universal de los derechos humanos es precisa al respecto y muy sencilla de entender.
A casi 30 siglos de los dantescos espectáculos romanos, la televisión como el medio de entretenimiento por excelencia, nos muestra en pequeñas dosis que aún resulta posible el goce morboso basado en el dolor, sufrimiento o el ajusticiamiento de aquellos que creemos son moralmente inferiores a los que estamos detrás de dicha pantalla. No conformes con los reality shows que muestran la competencia a base de la exposición de la intimidad como la única forma de un ilusorio ascenso social y económico, también tenemos en la parrilla programas que ajustician a los bandidos de rigor con sketchs que terminan por develar la trampa en la que incurre el truhan, haciendo que este beba de su propia medicina, con el festejo de quien empatiza con la situación o el mismo que la ha sufrido en carne propia.
Aquí, un superhéroe animador de dicho tipo de programa, toma por las astas la justicia y es amo y señor de la verdad, el perdón o definitivamente bajarle el pulgar al malhechor.
El programa de televisión En su propia trampa del canal C13 es el nuevo circo romano y su animador Tío Emilio, el emperador omnisciente de calidad moral y divina para castigar a cuanto pato malo se cruce en su camino.
La declaración universal de los derechos humanos dice en su Artículo 12: Nadie será objeto de injerencias arbitrarias en su vida privada, su familia, su domicilio o su correspondencia, ni de ataques a su honra o a su reputación. Toda persona tiene derecho a la protección de la ley contra tales injerencias o ataques.
También el Artículo 8 señala: Toda persona tiene derecho a un recurso efectivo ante los tribunales nacionales competentes, que la ampare contra actos que violen sus derechos fundamentales reconocidos por la constitución o por la ley.
Y uno de los primeros, breves pero más importantes. Artículo 5: Nadie será sometido a torturas ni a penas o tratos crueles, inhumanos o degradantes.
¿En qué momento, la degradación de las personas es la nueva forma de hacer justicia? independiente de las fechorías, especialmente las de este programa que resultan ser mayoritariamente de poca monta o si se prefiere delitos menores (y no criminales), las personas imputadas sufren la humillación al ser expuestos a una teleaudiencia y a la sociedad.
¿Y dónde queda el derecho de la protección de la ley? Tales actos delictuales o tramposos deberían ser juzgados ante los tribunales quienes son los que impartirán justicia. Las tomas televisivas infraganti del acto pueden resultar evidencias probatorias del delito, no un método de entretención familiar.
Sin embargo, la justicia social condena en cadena perpetua a estos tramposos. Si aún creemos en la capacidad de arrepentimiento de los condenados y que el sistema carcelario busca de cierta forma reintegrar a la sociedad al delincuente, respóndame con sinceridad lo siguiente: ¿Usted empresario le brindaría trabajo al gasfíter, al bencinero, al cuidador de autos o al pseudo reparador de computadoras que aparecieron en esos programas? ¿Sería capaz de arrendarle una casa a esa familia que adeudaba muchos meses de arriendo y que fue sacada de su casa con un simulacro infestado de roedores?
El destino de los personajes anteriores, entonces, es caminar con la frente a la altura del suelo, cargando el calvario de que todo aquel que se les cruce se sienta con el derecho de apuntarlos con el dedo. Solo salir del país (cosa poco probable dada la evidente situación económica de los tramposos) les permitiría reconstruir sus vidas. O de lo contrario, convertir la tierra en su propio limbo, sin ninguna oportunidad de reparar, avanzar o simplemente volver a empezar.
¿En qué momento es el periodismo y no un juez y sus mecanismos los encargados de impartir justicia o el castigo pertinente?
Y en escenarios imaginarios: ¿Puede uno de los tramposos pagar por sus delitos y luego demandar a dichos programas por las consecuencias de la exposición degradante de su imagen en televisión y todas las consecuencias descritas anteriormente?
Yendo más allá: ¿Qué sucedería si uno de estos gags justicieros resulta en una descompensación de salud del aludido como un ataque cardiaco? ¿Sería la coronación absoluta del castigo al acto vandálico?
¿Es el camino el ajusticiamiento? Entonces la nueva forma de hacer justicia según Canal 13 valida, por ejemplo, las golpizas ciudadanas a tipos que son sorprendidos en un lanzazo cualquiera típicos del centro de Santiago. Según la ley, un ciudadano puede retener a un delincuente, sin en ningún momento golpearlo o castigarlo bajo ninguna forma. ¿Luego de ver En su propia trampa, le quedará a las personas clara la ley anterior o quedarán más confundidas aún?
No quisiera dar a entender en absoluto que los actos delictuales no merecen castigo. Lo que creo que merecen es justicia y que los organismos competentes la impartan, siempre garantizando los derechos de los seres humanos.
El Domingo 31 de Julio por la noche veía un reportaje en canal 7 sobre la industria del salmón, donde en resumen, las condiciones ecológicas son deplorables, el castigo al ecosistema incalculable y alimentos finalmente insalubres. Ahí también entrevistaban a los empresarios dueños de dichas salmoneras, también tramposos que no son sometidos a ningún tipo de espectáculo circense. Ellos mantienen sus trabajos y posiblemente las consecuencias de sus daños no alterarán ni un ápice su forma y calidad de vida hasta el día de su muerte.
En Chile ha existido un periodismo valiente que no hizo silencio de los crímenes cometidos en dictadura (arriesgando muchos de ellos sus vidas). Otros han mostrado realidades de vida con el objeto de mejorar y aportar y están los que han aportado a la justicia en casos de real importancia como la detención de criminales. Estos en ninguna circunstancia fueron sometidos a sketchs, sino que investigados minuciosamente colaborativamente con las policías de investigaciones y no bajo procedimientos informales.
Otros, como usted Tío Emilio, goza su momento de fama enjuiciando y ajusticiando gangsters de kindergarten, malhechores de poca monta. Tampoco vendría al caso repasar su currículum ni tampoco sus deberes a lo largo de su carrera periodística para hacerlo caer en su propia trampa. Sería más de lo mismo, más de lo que no necesitamos.
Suena trivial y cliché, pero hay muchos peces gordos que se deberían investigar. Pero lo que venden es mostrar como decían Los Prisioneros en una canción mi papá pegarle a tu papá porque en la mesa no cabemos todos.
No necesitamos más livianísmos ni héroes de adobe en Chile.
Hemos tenido gente muy grande de alma, generosa, benevolente y trascendente en nuestra historia para merecernos un tal Tío Emilio.
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