CARTA DE SOBREVIVIENTES DE ABUSO SEXUAL INFANTIL-JUVENIL Y NUESTRAS FAMILIAS EN APOYO A LEGISLACION SOBRE IMPRESCRIPTIBILIDAD O BIEN AMPLIACION DE LOS PLAZOS DE PRESCRIPCION PARA DELITOS DE
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El abuso no es un destino irreversible: es un problema grave; una experiencia traumática. Ningún ser humano, menos seres humanos pequeños e inocentes, debería pasar por ella. Su impacto es inmenso y se expresa en múltiples esferas física, psicológica, emocional, social-, afectando la calidad general de vida de quienes debimos vivirlo y trabajar en su reparación (que sí es posible, contando con los debidos apoyos y un marco de cuidado y justicia restaurativa).
Quienes no pudimos denunciar los hechos y ser protegidos cuando éramos niños, niñas o adolescentes, hemos recorrido el camino de la reparación durante la adultez, por nuestra cuenta. Este camino es largo y muy desafiante. Sobre todo, porque la experiencia traumática se devela de modos no siempre consistentes y completos; porque es un esfuerzo recordar o aceptar la recuperación de recuerdos que duelen y devastan y se reciben, en numerosas ocasiones, del modo más inesperado en flashbacks, recolecciones vívidas en todo sentido, elicitadas en circunstancias inocuas y/o evocadoras del trauma-; porque es un trabajo integrar lo recordado al contexto de una biografía que es más, mucho más, que la historia de abuso sexual; porque la memoria no encuentra palabras por mucho tiempo- para poder verbalizar y compartir lo vivido de un modo que sea cuidadoso del propio bienestar, y el de nuestros seres queridos: nuestras familias, parejas, hijos e hijas que algún día habrán de compartir (o ya han compartido) nuestras experiencias.
El tiempo del abuso es diferente al que conocemos. Durante la infancia, transcurre en una suerte de carril paralelo al de la herida que va infligiendo a niveles profundos, a nivel físico, psicológico, moral. También tiene un efecto en la memoria, el pacto de silencio que impuso sobre nosotros la persona responsable de cometer los abusos: un secreto que, muchas veces, continúa operando años, aun después de finalizada la experiencia de abuso y aun en ausencia del responsable de cometerlos. En el secreto, en la imposibilidad de hablar, se vuelven más difíciles de lograr, y más elusivas, la consciencia e intelección sobre la realidad que debimos vivir cuando niños/as. La confusión nos acompañó durante mucho tiempo, mientras crecíamos; la sensación de estar separados de nuestro propio transcurso. También la perplejidad, frente a la dimensión del trauma y las herencias de la trasgresión.
La reconstitución de las memorias más traumáticas vinculadas al abuso y violencia sexual de la infancia, para algunas personas, puede ser fragmento a fragmento; para otras, fue una sola marejada. Las lagunas, las áreas grises, los recuerdos incompletos y angustiosos, fueron parte del camino. Luego de la reposesión de los recuerdos, el empeño en articularlos por medio de la palabra, para que aquello recordado pueda atestiguarse de forma que lo vivido cobre al fin existencia, y se vuelva relato propio (y no historia escrita según los criterios y mandatos del que abusó), integrado como una parte de nuestra biografía mucho más amplia que esta sola experiencia-.
Los quehaceres de la memoria y la reparación toman tiempo y no poco. Si hubo un fracaso vasto, familiar y social, en protegernos del abuso sexual cuando niños/as, ¿cómo no permitir que los sobrevivientes cuenten con tiempo y espacio para procesar la experiencia? Reconocer este derecho, muy humano, es lo que persigue el pedido de extender los plazos de prescripción: dar cuenta del tiempo -neurológico, maduracional, emocional, material- que requieren los procesos de recuperación de la memoria del ASI y los procesos de reparación de los sobrevivientes.
Valoramos inmensamente la motivación de nuestros legisladores para impulsar iniciativas en pos de la protección de la infancia, la prevención y reparación del abuso sexual y la sensibilización ciudadana al respecto de esta temática. Cualquier esfuerzo en esta materia contribuye en fortalecer una ética del cuidado a nivel amplio y beneficia a todos los chilenos, de todas las edades. Esperamos del Estado, de nuestros gobernantes y legisladores que puedan cumplir su rol de garantes del cuidado y protección, de la justicia y restitución sobre las víctimas pequeñas, jóvenes y adultas de delitos graves, como el ASI.
Pedimos al Congreso, muy especialmente, que tenga a bien acoger iniciativas legislativas sobre la imprescriptibilidad de los delitos sexuales contra menores, y/o aquellas que promuevan la extensión de los plazos de prescripción para los delitos de abuso sexual infantil, siendo sinceros y asertivos en expresar, nuestra voluntad de insistir sobre el imperativo ético de declarar el ASI como un delito imprescriptible y de lesa humanidad. Esa realidad queda en nuestro horizonte.
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