No importan los clichés cuando se trata de preservar la vida, cuánto interés de por medio hay en este tipo de prácticas antinaturales, que muy lejos está de considerarse “Arte”, quienes así lo afirman, confirman su repugnancia por la vida misma, ya que disfrutan con el dolor de un ser que sólo le hace falta hablar para expresar que, no hay nada ni nadie con la suficiente autoridad para producir dolor y matar por pura diversión, a esos que lo hacen, yo los comparo con el más enfermo de los psicópatas, pues éstos patológicamente comienzan torturando a animales, luego los matan y, después buscan satisfacerse aún más, matando al semejante, disfrutando el acto al más puro estilo de los antiguos Romanos que lo hacían con el hombre mismo; En pleno siglo XXI, ¿por qué las autoridades no han parado estas prácticas?, ¿qué más podemos hacer los que amamos la vida para que los gobernantes, senadores y diputados aprueben la abolición de tan abusiva, diabólica y sangrienta práctica? ¿qué les corre por las venas que no sienten el más mínimo cargo de conciencia? No están tan lejos de comparárseles con los secuestradores, cuando torturan a su plagiado para exigir a cambio, una cantidad de dinero por su rescate. Señores legisladores, eviten esta comparación, limpien su nombre de la sospecha que cae en ustedes de que, hay mucho dinero de por medio esperando para repartirse el botín a cambio de tan brutal, aborrecible e infame práctica, baste mirar a los ojos de sus hijos pequeños que son como los animalitos, no tienen odio, son tan inocentes y tienen mucho amor que dar, jamás querrán que caigan en manos de ningún secuestrador, que sin el menor escrúpulo lastimará a tan preciado ser, por último, el mismo mensaje va para todos esos “altos” personajes que asisten a la plaza de toros, comunicadores, licenciados, gobernadores, hijos de gobernadores que han asistido a las mejores universidades del mundo, sean congruentes con los valores y principios que han recibido en su educación